En la antigua China no existían radiografías, análisis de sangre, resonancias magnéticas, ni electrocardiogramas y el médico debía arreglárselas sin ellos para saber lo que le estaba ocurriendo a su paciente. Dicen que la falta de recursos "agudiza" la inteligencia y los sentidos. Y así fue como durante unos pocos milenios se valieron tan solo de la sensibilidad humana para poder diagnosticar. Esta sensibilidad fue cultivada en la mente, en el olfato, en los ojos, oídos y en el tacto.

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